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Hablame de “estereotipar”

Por Ed Alonso

Se estrenó en la plataforma Netflix la serie “El Reino”, y las voces desde la iglesia evangélica se hicieron oir. La catarata de errores semánticos y conceptuales desnuda una pobre producción que solo tiene como fin la denostación de una institución que no se rige por los parámetros impuestos por la agenda global.
A continuación, una de las tantas miradas cristianas tras el estreno de “El Reino”, un producto que, a la luz de la falacia de sus argumentos, pasará a ser una de las tantas series que hoy tiene sus cinco minutos de fama pero, inexorablemente, quedarán en el olvido.

Al ala progresista le encanta usar esa palabra, pero no tiene ningún problema en estereotipar a más no poder a comunidades que no se someten a sus lineamientos ideológicos.
El progresismo debe muy estar desesperado para intentar caricaturizar hasta el límite (con actuaciones tan cuestionables y un guión tan predecible) la conceptualización colectiva de la iglesia evangélica. Intentando implantar de una manera tan burda en el vox populi y en el imaginario colectivo un estereotipo basado en el deseo de cómo les convendría que fuese el organismo al que toman como “el enemigo” para facilitar su denostación. Sumado que no han mostrado el más mínimo interés de, al menos, hacer un pequeño trabajo de investigación previo para interiorizarse de cómo es realmente una iglesia evangélica promedio. De haberlo hecho, sabrían cómo cantan, cómo oran, cómo hablan, cómo se manejan los evangélicos y se hubiesen ahorrado una gran cantidad de sandeces que no se condicen con la realidad.
Probablemente deben estar preocupados/desesperados por la incidencia social de la iglesia que repercute en perjuicio de sus agendas.
Y con esto no estoy diciendo que la iglesia no tiene errores; tiene miles, sólo que no le atinaron a ninguno.
Es como si hoy, en pleno siglo XXI se haga una serie estereotipando la comunidad afroamericana, o estereotipando las comunidades que viven en villas. Sería inadmisible. Pero tratándose de la iglesia evangélica la estereotipada, pareciera no molestarle a nadie fuera de los “entes simbolizados”.
Más que causarme gracia, no me representa ningún agravio personal, ni a mí ni a mi fe. Al contrario, me pregunto qué va a pasar cuando las personas se den cuenta por sí mismas que la imagen que Netflix (representante corporativo del progresismo) les pintó de la iglesia, a través de varias de sus series (no sólo ésta) dista mucho de la realidad. Y cuando se pregunten por qué tanto interés en denostar tan desesperadamente su imagen recurriendo a distorsiones tan burdas.
Realmente no espero que tales reflexiones lleven a la sociedad a un acercamiento al cristianismo, porque no funciona así. Pero sí creo que va a inducir a un descreimiento del relato progresista que está cada vez más desconectado con la realidad y que se muestra más evidente en sus tácticas de manipulación.

Hablame de “estereotipar”

 

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